Loiola - Casa-Natal de San Ignacio de Loiola
Museo Casa-Natal. La antigua Casa-Torre de los Loiola, la cuna de San Ignacio, se conserva rodeada por las paredes exteriores del Santuario, al lado de la Basílica.
LA CASA NATAL
Los miles de visitantes que se acercan hasta Loiola a lo largo del año tienen una parada obligada en la Casa de San Ignacio. Esta importante construcción se halla rodeada en su totalidad por las paredes de la fachada exterior del Santuario, lo que imposibilita su visión desde el exterior. Accediendo a través de una puerta lateral a la Basílica los visitantes se encontrarán con un pequeño patio presidido por una escultura de Iñigo de Loiola convaleciente en la camilla y, a su lado, la puerta de acceso a la Casa de San Ignacio.
Además de su importancia como cuna del santo, la Casa-Torre de Loiola tiene una amplia e importante historia que se pierde en los tiempos como casa solariega de los poderosos Loiola. Conservada casi en su totalidad, muestra en su fachada claras influencias del estilo mudéjar, consecuencia de su última reconstrucción, allá por el siglo XV.
El conjunto del Santuario está edificado en torno a un lugar que lo justifica: la Casa Torre medieval en la que Iñigo de Loyola, el futuro San Ignacio, nació en 1491 y se convirtió a Dios en 1521. El corazón de Loyola es esa Casa Torre, solar del linaje de Oñaz y Loyola, que hoy se conoce como la Casa Natal. Se compone de cuatro plantas:La planta baja, con sus muros de casi dos metros de espesor, sus siete troneras ante una de las cuales está emplazada una vieja bombarda, sus cuatro recios pilares centrales de madera calzados en piedra, y su rudo pavimento de losas y guijarros, nos evoca la época medieval y feudal de la familia de Oñaz y Loyola, un linaje del que conocemos, a partir del siglo XIII, las 9 generaciones anteriores a la de Iñigo.
El primer piso, encerrado entre los recios muros de piedra de la vieja fortaleza, estaba dedicado a la cocina y a las habitaciones de la servidumbre. En la vieja cocina de la Casa Torre, amos y criados convivían en torno al fuego del hogar. Aquí se contaban las viejas historias del linaje, trasmitiendo así la cultura familiar.
El segundo piso pertenece ya a la parte de la Casa Torre reconstruida en ladrillo por el abuelo de Iñigo en 1460. Era la planta noble de la casa, en la que se hallaban las estancias del Señor y la Señora de Oñaz y Loyola y las habitaciones de representación: el Oratorio de la Casa, el comedor, y el Salón de Honor destinado a recibir a los huéspedes principales en las grandes ocasiones.
El tercer piso alberga la Capilla de la Conversión, esa habitación en la que Iñigo fue operado repetidas veces y en la que estuvo a punto de morir. La lectura de unas vidas de Santos y La vida de Cristo fueron abriendo ante Iñigo un nuevo mundo. Empezó a preguntarse si no podría hacer también él las cosas que habían hecho los Santos. Más aún, su voluntad se inclinaba a realizarlas. Poco a poco, lo que había empezado casi como un torneo consigo mismo, se fue convirtiendo en algo nuevo y distinto: inesperadamente, en esta habitación de convaleciente, Dios va enamorando a Iñigo, e Iñigo se va enamorando de Dios.
LA BASILICA
En el centro del Santuario, se encuentra la bellísima Basílica, cuya fundación se remonta a 1681, cuando la reina madre de España, doña Mariana de Austria mostró su voluntad de crear un Colegio y Basílica junto a la casa natal de San Ignacio. Para ello, insinuó a los marqueses de Oropesa, dueños a la sazón de la casa torre, que le donaran la propiedad, que fue transferida a la Compañía de Jesús.
Una vez tomaron posesión de los bienes de los Loyola, comenzó la búsqueda de un arquitecto acorde a la nueva obra. El elegido para diseñar la grandiosa obra, fue el romano Carlo Fontana (1638-1714), fiel discípulo de Bernini.
Un grupo de jesuitas se instaló en la casa natal en 1682 y en 1688, se comenzaron las obras de explanada y cimentación dirigidas por el maestro cantero Martín de Zaldua. La influencia italiana, destaca ante todo en la espectacular cúpula, realizada con piedra de las canteras de Izarraitz y finalizada en 1735 bajo la dirección de Ignacio de Ibero.
El pórtico, está inspirado en el estilo de los hermanos Churriguera, autores, entre otras obras, de la Plaza Mayor de Salamanca. Con su forma ovalada, rompe la rectitud de ambas fachadas. Está coronado por el escudo de armas de Felipe V, tallado en mármol de Carrara. Tras su finalización, el año 1738, quedó consagrada la Basílica.
El último gran elemento de la iglesia, es su magnífico retablo mayor, obra cumbre de Ignacio de Ibero. Fue construido en la década de 1750 destacando ante todo sus columnas salomónicas y los adornos de vivos mármoles y ágatas. La estatua del santo, fue colocada sobre el retablo en 1758. Realizada en plata y adornada de ágatas, fue donación de la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas, siendo tasada en 4.000 pesos. Tras la finalización del retablo, Ibero diseñó los retablos menores y los púlpitos dorados.
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